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Transparencia en la sociedad de la observación

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«Vacaciones de lujo para Carmena: una villa de 4.000 euros a la semana». La portada de La Razón del pasado 18 de agosto, denunciando un presunto despilfarro en las vacaciones de la alcaldesa de Madrid, no solo fue un despropósito más del diario madrileño (después de que se demostrara que seis adultos compartían los gastos y que, por tanto, Carmena se gastó cerca de 700 €), sino que me recordó un fragmento de La política en tiempos de indignación, de Daniel Innerarity, que recoge el número de julio-agosto de «La maleta de Portbou» como adelanto del libro que publicará Galàxia Guttemberg este mes de septiembre.

El artículo, que con el título «¿Cuánta transparencia soportan Nuestras democracias?» analiza el concepto «transparencia» y los efectos que se derivan de su promoción. También habla de «democracia monitorizada», de la «sociedad de la observación» …y de la vida privada de los políticos. Estoy de acuerdo, como defiende el autor, que conceder a los políticos un derecho a la intimidad ilimitado les daría un poder excesivo de control sobre el discurso público que rebajaría la calidad del debate democrático. «Los políticos tienen una exigencia de responsabilidad que relativiza o disminuye su derecho a la vida privada», defiende el filósofo vasco. Y añade: «El principio de responsabilidad democrática autoriza un cierto nivel de publicidad de la vida privada de los políticos, en la medida en que esta información se considere necesaria para evaluar su capacidad pasada, presente o futura a la hora de asumir una función pública».

Es este el caso que nos ocupa? En ningún caso lo parece. Es más, la portada de La Razón se parece más a los ejemplos de trato people de la información (lo que en Francia se conoce como pipolisation y en Estados Unidos, cheap talk) de los que habla Innerarity y que, como recuerda, «tienen unos efectos muy negativos en la vida política». Es cuando la anécdota pasa por delante de cualquier otra información de calado, ya sea con la intención o no de ocultar o minimizar esta última. Mientras se hable de estas naderías no se hablará de lo que realmente importa. O, en palabras de Innerarity «cuanto más se focaliza la atención sobre los detalles banales de la vida privada, menos capacidad se desarrolla para valorar los matices de la vida pública».

Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social, director del Instituto de Gobernanza Democrática y profesor invitado en varias universidades europeas y americanas, dice que cuando un medio se plantee informar sobre un comportamiento privado debería hacer las siguientes preguntas: ¿Qué efectos tendría (la información) sobre la calidad de nuestra vida democrática? ¿Se trata de un conocimiento del que deben disponer los ciudadanos para evaluar la acción de sus representantes (políticos)? ¿Guarda proporción el grado de publicidad con su pertenencia?

La Razón y otros medios de dudosa transparencia harían bien en leer la política en tiempos de indignación … aunque tengo la ligera sospecha de que saben muy bien lo que se hacen.

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